María es una princesa

María va de dura por el mundo, así que únicamente es consciente de sus carencias emocionales en momentos muy puntuales.

Cuando esto ocurre, suele sacar del baúl de su imaginación una armadura de princesa guerrera que no teme a nada ni nadie, mientras su piel se hiere al roce de la coraza producido por sus temblores.

Debajo de esa armadura, desnuda ante su enemigo, María actúa y se muestra distante, dañando a algunos con su frialdad.

Siempre pensando en los demás antes que en si misma, todo iba bien… hasta ese día en que alguien invadió su espacio personal y en vez de ignorarle le abrió la puerta. Así, sin más… Como si tuviera derecho a entrar en su cuerpo sin llamar.

La cabeza ordenó retirada, pero María no se movió de allí. Una vocecita interior le avisaba nerviosa… Te van a dar!! Esquiva esa mano! Esa mirada! No le mires! Dale un corte! Hazte la tonta! Acojónalo con tus problemas para que se vaya! Es una trampa! No tenemos armas defensivas! No caigas!! Huye!! Corre!! Mayday!! Mayday!!

María aplicó todos los consejos menos el de huir de allí, ya que no le respondían las piernas. Al ir su cuerpo y su inconsciente por libre, acabó realizando todo aquello que se juró no haría antes de salir de casa. Lo cual mezclado con los avisos de su cerebro la convertían en un ser bastante peculiar, cita rara donde las haya…

Aquí tenemos a María!! Cara a cara con el hombre que no le conviene (pero desea) y haciendo el ridículo como nunca. ¡¡Un Olé por María!!

María era una lucha interna entre un ‘quiero’ y un ‘no puedo’. Haciendo malabarismos merecedores de audiencia en el Circo del Sol para evitar el roce y no caer siquiera en un abrazo.

Pero María cayó… Vaya si cayó!! Como un corderillo al matadero, pero la coraza no le dejaba ver (es lo que tienen los cascos medievales, que la visión angular brilla por su ausencia. La próxima vez unas Oculus Rift y vas que chutas).

Dos caricias y ¡¡buuuum!! la coraza se desintegró (es lo que tienen las corazas imaginarias, que cuando dejas de imaginarlas desaparecen)

María sin coraza!! Saltaron las alarmas y el cerebro se desmayó al verse en esa situación.

Aprovechando la indefensión, la cabeza sufrió un golpe de estado siendo tomada por el deseo, mano a mano con la intuición.

Y María vivió, pensó en ella, se dejó llevar y disfrutó como lo que es, una princesa encarcelada que conseguía respirar al abrir una ventana.

Cada caricia le reconcilió más consigo misma, casi se emociona al ser consciente de su falta de cariño.
Ojalá apagaran el mundo y la dejaran allí… recibiendo caricias sin fin…. ¿Será así el cielo? ¿Será así?

Pero la vida real no es eterna y todo tiene su fin. María se viste y él la acompaña. Por el camino su cerebro ha vuelto a coger el mando y la coraza ha vuelto a su lugar, no es culpa de María.. Es la puta realidad.

María no quiere despedidas, quiere besos y más caricias… Pero no sabe si él volverá. Ni siquiera se lo ha preguntado, no lo quería estropear.

Su armadura la bloquea, impidiendo un abrazo, y el cerebro le grita al enterarse de su error fatal (está todo grabado en la memoria visual)

Es ya tarde, el taxi espera…

¿dos besos? (no me dejan darte más)

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