Salvada

Así le definía ella: Salvador de su vida, guerrero de las estrellas, cazador de sueños y malabarista de sus sentimientos.

Un soplo de aire fresco en medio de la agonía de su infierno personal.

Por fin, una ventana abierta en su carcel interior le permitía abrirse al mundo y escapar de su encierro.

Le costó salir, pero todo fue más fácil cuando reconoció que ya bastaba de autocompasión y de vivir en sueños, necesitaba por una vez sentir el aire en su alma y respirar. Quería ‘SER’ y no ‘ESTAR’.

La vida les dio la sorpresa de conocerse, entenderse y amarse con una inmediatez vulgarmente llamada flechazo, pero que María gustaba denominar ‘relámpago’, ya que primero quedó deslumbrada por el destello de su presencia y pasado el tiempo aturdida por el trueno de su personalidad…

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